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La “Madonna Puttana”

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Madonna Puttana: madres cansadas de ser santas, decididas a cambiar los “hábitos” por lencería.

TODAS las mujeres son putas, excepto mi mamá y mi hermana”, una expresión que se dice con humor, pero que arrastra una gran cantidad de cicatrices en la historia del placer femenino. El síndrome de la “Madonna Puttana” (la virgen puta), ha controlado la mente (y los genitales) de varias generaciones de hombres quienes se aceptan limitados o incapaces de desear sexualmente a la madre de sus hijos.

La malinterpretación de lo masculino-femenino, y una prevalencia demasiado larga del patriarcado, han cobrado su factura. Este ideal de madres: complacientes, sacrificadas y beatas, ha ganado la batalla en los dormitorios estériles de muchos matrimonios tradicionalistas. Los hombres elevan a la mujer en un pedestal, la adoran… pero “aman” al ideal, al estereotipo; no a la mujer que tienen con ellos. Y las madres compraron la idea de que para mantener una relación, había que sacrificar, fingir, aparentar, guardar los deseos individuales en pro de los de su pareja o familia. ¿El resultado…?

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En épocas donde la sexualidad era considerada meramente para fines reproductivos y el placer era exclusivo de relaciones alternas o servicios contratados, esta simbólica recreación de la Madre aparentemente no generaba conflictos. Pero hoy, cuando las mujeres hemos empezado a despertar a la búsqueda del placer, cuando nos identificamos curiosas y deseosas de experimentar con nuestro cuerpo y de SENTIR, este estereotipo virginal nos aniquila. Los hombres, adorando a su ideal, pueden intercambiar a la “mala” mujer que no se ajusta al molde, mientras las madres se quedan abandonadas, con sus deseos mudos, con su vida sexual insatisfecha, y con una gran culpa por no considerarse suficientes.

Pareciera increíble, pero el poder de intercambiar el “hábito” por lencería está en las propias mujeres. Hay que recordar que antes de ser madres, somos mujeres, y para revivir nuestro placer, esa energía vital portadora de amor y vida, es importante retomar el coraje de ser nosotras mismas: erradicar la culpa, la vergüenza y el miedo, para recuperar esa voz interna perdida en la adolescencia, esa voz que no aparenta, que sabe y pide lo que necesita, que dice lo que piensa. Es imposible convertirnos en objetivos deseables si delegamos a nuestras parejas la tarea de satisfacernos sexualmente, cuando ¡es nuestra responsabilidad!, un compromiso personal de autocuidado que requiere de respeto, autoexploración y conexión con nuestro cuerpo.

Los hombres necesitan conocer a la mujer, las madres piden a gritos sentirse mujeres deseadas. No es necesario elegir entre la madre y la puta, mejor equilibremos nuestras relaciones… y tal vez con un poco de fe, “La Madonna Puttana” nos concederá sus favores.

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