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La murt d la ltra “ ”

la muerte de la letra e

Las típicas desventuras de un delicado cascarrabias aroundeworld.

Cuenta la leyenda que A le dijo una vez a B que C le había contado que D había visto un día a E guiñando el ojo a F. Al principio, sólo D y G sabían lo ocurrido, pero D, como dicharachera que es, en una sopa de letras con barra libre de tinta, se puso muy bold y le contó a C –que estaba loquito por su curva- el guiño de E a F. C, que como todo el mundo sabe es un poco cabronceta, en lugar de declararse a D de una vez por todas, prefirió ponerse cursiva, y rodando como O se abalanzó sobre A, su mejor amiga, para subrayarle todos los detalles de la historia X. B, que volvía del baño de recolocarse bien por quinta vez su par de atributos, preguntó curiosa a A por la conversación con C y, A, que siempre ha estado muy unida a B, le contó, por abinidad, los hechos. Y así fue como B se enteró, una noche fría y seca de otoño, del guiño de E a F. Un guiño que no habría tenido ninguna importancia si no fuera porque B tenía, por aquel entonces, un bonito interletrado con F.

X

B, hecha una bestia, se acerca a E pidiendo explicaciones. E, embriagada como está de sus dobles tintas chinas on the rocks, del susto se cae de bruces al suelo y se convierte en M. Entonces F, furiosa como es, recrimina a B su actitud beligerante y le atiza un par de bofetones. Después, intenta levantar a la nueva M para que vuelva a ser su encantadora E de siempre. Esa excitante E que un día D a la hora H le guiñó el ojo y, desde entonces, le dejó bien pirradita por sus palos. Pero F no consigue levantar a E. E no se mueve. E no respira. E sigue M. E está Muerta. De un susto, B ha matado a E. Increíble, comenta I. Asombroso, añade A. Terrorífico rubrica la tonta T.

Y

Cuando el Corrector de Word llega para esclarecer los hechos, todas las letras empiezan a disimular, rebajando su cuerpo entre 2 y 4 puntos. Ninguna sabe nada. De la A a la Z, restan todas muditas imitando a su hermanastra H. El corrector, como buen funcionario de gran multinacional, se conforma con reseguir y subrayar a E/M con tiza roja, para indicar que el error aún no ha sido corregido. Después de rellenar los datos del cuadro de legibilidad según la escala Flesch, se marcha con G, su amante más gozosa, en busca de un punto infinito. La fiesta abecedárica sigue crucigrámica, como si nada hubiera pasado. Al fin y al cabo, sólo es una estática y endeble E. La extraña, la estúpida, la esperpéntica.

Z

La única que se da cuenta de la verdadera gravedad del problema es la freudiana F. Más allá del amor y de la FE que tanto les unía, sabe fehacientemente que E era, por muchos motivos, una letra muy especial.

Destrozada y cabizbaja, busca consuelo en B, abrazándose fuertemente en sus curvas y derramando ríos de tinta en sus huecos, mientras trata de imaginar cómo va a ser, a partir de ahora, la litratura contmporana spañola sin una d sus ltras más quridas y ncsarias.