Soy argentino, con mezcla de genes alemanes. Viví mis últimos 14 años en Barcelona, en Cataluña. Si, dije Cataluña y no España. Y no lo hago con afán de comenzar una discusión ni con ganas de meterme en temas políticos o de independentismo. Pero en mi experiencia con el pueblo catalán, pude llegar a la conclusión de que “Catalunya is not Spain”. Su cultura propia, su lenguaje, su literatura y su arte. Su gente. Su comida. Catalunya (déjenme escribirlo así, que m’agrada molt) es diferente.

Y ahora, a mis 35 años, hago un cambio de rumbo y me encuentro residiendo en México. Disfrutando de una cultura totalmente diferente. Disfrutando de la gente, de lo diferente que es la comida y hasta el vocabulario! Y me encuentro paseando por sus calles, y me sorprendo al encontrarme cantinas con el nombre “Passeig de Gràcia”. La senyera colgada en varios de los balcones y ventanas de la Colonia Roma. Incluso hasta un viejo cartel de una ya inexistente “Penya Barcelonista”

Y es que los catalanes llevan un tiempo ya instalados en las tierras mexicanas. Podemos marcar un inicio con la creación del Orfeó Català de Mèxic fundado en el año 1906. Y un crecimiento posterior ya en el año 1939, que marcó un antes y un después de la cultura catalana en México. El exilio de los refugiados republicanos a México favoreció el encuentro hispano-mexicano. En épocas de Franco, una gran cantidad de inmigrantes españoles llegaron al país, de los cuales un 20% eran catalanes.

Se conoce que de entre todos los inmigrantes catalanes, un numeroso grupo de escritores se estableció en México y aquí continuó su quehacer literario. Aún más: convirtieron México en capital de la literatura catalana e hicieron de este país, de sus tierras y su gente el territorio central de sus obras. Ciertamente, en la década de los años 40, México fue la capital de la literatura catalana. Escritores que escribían con la voluntad de mantener la continuidad de la literatura catalana, enfrenándose a las dificultades de la persecución cultural y lingüística del franquismo en Catalunya.

Se calcula que hoy en día la comunidad catalana en México es de unas 12,000 personas. Me gustaría pensar que ya somos 12,000 + 1. Y entonces, mirando hacia atrás y conociendo la historia del pasado, no es raro observar que gran parte de la cultura catalana se vea reflejada en la comunidad mexicana.

Prueba de ello es el día del libro y la flor. El 23 de abril se celebra el día internacional del libro, pero también se celebra el día de Sant Jordi, patrón de Catalunya, regalando una rosa a la mujer amada.

La leyenda de Sant Jordi

Según la tradición, la villa de Montblanc estaba siendo aterrorizada por un colosal dragón. La bestia se había instalado a las afueras del pueblo, infectando el aire y el agua con su aliento apestoso y causando estragos entre el ganado. En su búsqueda de alimento, cada vez se aproximaba más a las murallas, por lo que los vecinos tuvieron que buscar una forma de mantenerlo apartado. Empezaron dándole de comer ovejas; cuando éstas se acabaron, siguieron con los bueyes, y luego con los caballos. Y por fin no tuvieron más remedio que sacrificar a los propios habitantes. Se metieron los nombres de todos en un puchero, también el del rey, y el de su hija la princesa, y cada día una mano inocente decidía quien moriría la mañana siguiente. Y una tarde la escogida fue la princesa. Dicen unos que el rey lloró y suplicó a sus súbditos por la vida de su hija, pero que de nada le sirvió, ya que no era el único padre desconsolado. Cuentan otros que el rey entregó a su hija con valentía y entereza. Sea como fuere, la joven salió de las murallas y se dirigió hacia su triste destino.

Cuando el terrible dragón avanzaba hacia ella, surgió entre la bruma un hermoso caballero vestido de blanco sobre un caballo blanco que arremetió contra la bestia. El animal, herido, se sometió al caballero, que le ató al cuello un extremo del cinturón de la princesa. La dama tomó el otro extremo del cinturón y, para pasmo de los pobladores de Montblanc, condujo al dragón como a un perrito hasta la puerta de la ciudad. Allí, a la vista de todos, el caballero remató a la bestia de un certero golpe de lanza. Dicen unos que el dragón se fundió y fue absorbido por la tierra. Cuentan otros que un gran charco de sangre se formó a los pies del caballero. Sea como fuere, en aquel mismo instante creció un rosal y de sus ramas brotaron rojas rosas. Jorge, o Jordi, o George, o Giorgios, que es como se llamaba el caballero, obsequió a la princesa con una de esas rosas.

Semejante gesta hizo que el santo caballero alcanzase fama y popularidad durante la Edad media, y que fuera escogido patrón de la caballería y la nobleza.

Sobre El Autor

Gabriel Neffke

Geekie, foodie y amante del “bon viveur”. Entusiasta del aroma del café recién molido y fanático de un buen vino. Graduado como técnico electricista, continué mis estudios en el mundo de la informática y de la electrónica. Redactor. Mis tiempos libres los ocupo como profesor de informática y asesor tecnológico. Mis hobbies? Ejercer como desarrollador web y diseñador de poca monta. Hago las veces de community manager y se conoce que trabajo en una agencia de contenidos llamada Estudio Q. Autor de los libros “historias de bar” y “dos caminos”. Aunque quién sabe, debo confesar después de esta descripción tan abigarrada, que quizás no sea ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Artículos Relacionados

Loading Facebook Comments ...

3 Respuestas

  1. Beatriz

    Me siento feliz, orgullosa de los caminos que has tomado en tu vida, aunque a veces no sea tan fácil transitar. Vive hoy y disfruta. Te amo.

    - Tuitea este comentario

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.